He estudiado Ed.Primaria y Ed.infantil y soy maestra. Estoy totalmente en contra de los métodos conductistas y en los métodos para ''adiestrar'' niños.
Creo en la importancia de un entorno feliz y estable para que los niños también lo sean, en la educación con respeto, firmeza, empatía, amor, cariño, grandes dosis de paciencia y mucha mucha imaginación.

''Le puedo echar la culpa al ministerio, le puedo echar la culpa al régimen, pero en el aula YO hago la gran REVOLUCIÓN.''

viernes, 16 de noviembre de 2012

La violencia invisible

Padres, educadores y sociedad en general pedimos a los niños, desde bien pequeñitos, que sean buenos, que se porten bien, que no peguen, no muerdan, no insulten, no digan palabrotas, que en definitiva sean capaces de respetar a los demás.

¿Pero nosotros con ellos lo hacemos?

''Habrá de todo'' pensareis, y es cierto, habrá gente que lo hará y habrá gente que no. Yo me pregunto''¿Cómo pretendemos que ellos respeten si nosotros no lo hacemos?'', muchos actuan como el refran ''haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago''. Los niños aprenden basicamente mediante el ejemplo, si ellos ven que se les trata con respeto, ellos aprenderán a respetar, si ven que no se les respeta, no respetarán.


Y ahora viene la pregunta clave ¿Qué es respetar? pues basicamente tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros.

Con la palabra violencia englobo todo tipo de violencia, verbal y física. Es decir, dar un cachete, dar un bofetón, criticar, humillar, avergonzar, amenazar...todo esto se considera violencia. Si yo le diese un guantazo a mi mejor amiga o a mi jefe porque me ha sacado de mis casillas no lo adornaríamos con frases tipo ''es que me ha sacado de quizio, se lo tenía merecido'' o ''ha sido por su propio bien''. A quién le guste o no, es violencia y punto.

Podemos hacer un ejercicio que se basa en recordar nuestra infancia, ''afortunadamente'' los aspectos negativos los solemos borrar de nuestra mente, nos cuesta recordarlos, es un mecanismo de defensa, pero siguen estando ahí, en el subsconciente. Seguramente la mayoría de nosotros habremos vivido alguna experiencia de violencia (por duro que suene). Nos hemos educado en una educación basada en el autoritarismo. En una educación de amenazas (''¡a que saco la zapatilla!'', ''¡ si no haces eso, verás!'', ''¡si haces eso cobras!''), donde algunas veces se cumplían. Seguramente que mas de uno pensará que ''no era para tanto'' o ''que no tenemos ningún trauma'', y seguramente que eso también lo pensasen las mujeres hace 50 años, cuando sus maridos las pegaban para, textualmente, educarlas. Si realmente no tuviesemos ningún trauma no aceptaríamos ni veríamos normal pegar a un niño para educarle o porque se lo ha merecido. ¿Desde cuando hay que pegar a alguien para educarle o criarle? No me entra en la cabeza semejante afirmación. Si con los adultos no vale, con los niños tampoco. Y si ocurriese, pedimos perdón como adultos que somos, pero un perdón sincero...

A ninguno de nosotros, o casi ninguno, nos enseñaron de pequeños a canalizar nuestra rabia, ya que cuando estamos con niños habitualmente (porque somos padres o educadores) ¿por qué cuando no hacen lo que queremos, o cuando perdemos la paciencia automaticamente nos dan ganas de darles un bofetón? porque nunca nadie nos enseñó otra manera, porque nunca nadie nos enseñó como canalizarlo. Es un acto reflejo, nos sale solo, pero qué casualidad...solo nos sale con los niños.

A mi pareja jamás se me ocurrirría levantarle la mano, ni tan siquiera hacer el gesto de pegarle, tampoco se me ocurriría humillarle ni infravalorarle como persona. Puedo juzgar sus hechos, pero jamás su persona. Es como si haciendolo con los niños, nos sintiesemos mejor.

Ya es hora de abrir un poco nuestra mente, que porque antes se hiciese no significa que fuese bueno ni efectivo. Y sino ¿por qué hay tanta violencia en el mundo? ¿a qué se debe tanto egoismo? yo realmente pienso que por las experiencias vividas en la infancia, que se han ido pasando generación tras generación, y que creo que ya va siendo hora de pararlo, de nosotros depende.

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